viernes, 22 de diciembre de 2006

El ermitaño

El Ermitaño.


Me entrego ahora , después de un largo andar, de esta lucha en vano , entre bares y deambulada por las calles.

Desde ahora viviré  en los libros, y en un computador para escribir , lo demás será secundario, como el cine y los bares, nutrientes para la imaginación., como lo son primarios  el rostro de ese amor platónico y ciertos pasajes de libros , superpuestos en la mente.

En los momentos de ahogo entre lecturas perdidas y el silencio, volveré a los bares como un espectador

Ahora sadré a las calles, sin miedo, sin vulnerarme, sin ser más el egocéntrico que justifica cada una de las veces en que se es prescindible.

Me desnudaré ante todos y abandonaré las ironías, las del espíritu crítico, escape de la mediocridad, y ésa no era más que otra. Ahora esquivaré, sin tensión todo lo que no va en mi íntegro rumbo , y compadeceré a la torpeza.

Me desdecirán las  promesas de venganza contra los que me hirieron.

Abandonaré a los fantasmas, a los fracasos, y me quedaré con las esperanzas y las ilusiones, con la virtud de la claridad, de su desintegración en la tangibilidad .

Me aferraré a un cuerpo esporádicamente, sólo por necesidad y quemar así el  cariño que hay por entregar.

Viviré en la soledad, y como  dice  sencillamente el agente práctico el ingeniero, seré un ermitaño..

                        

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