
Ordenamos nuestros bolsos mientras también lo hacen las ideas impulsadas por la planificación de los lugares por visitar y sus prioridades.
El tema es alguna región, porque es un lugar bello o porque es una percepción que queda por la sobredimensión que dejan los recuerdos buenos, esos de un primer viaje, y que se gatillan por un lugar o una persona ,y el de imponer ante el paraje insolentemente como un todo, el olor de esa persona , la vista de un lugar, las miradas y nuestra ausencia, la que se trama por romper.
El color de la noche de nuestro lugar, justo antes de la partida, es particularmente agradable, cordial , y será tal vez por el hecho de que nuestras mentes ya han partido y nuestro lugar parece extraño y distante , añorado aunque sea en un grado muy infimo; en ese instante no estamos ni en nuestro lugar ni en el destino, sólo soñamos en el porvenir.
Luego el esperado día de madrugada, el frescor de la mañana ignorado por nuestras ansias, el deseo de partir.
Viajar, el trayecto comienza, esa carretera que roda y roda y no se acaba nunca por el deseo de llegar,y después nos damos cuenta de su importancia, la de ese mismo trayecto, el que paradójicamente en un futuro es el puente a nuestros recuerdos y en el presente la imaginación , como lo es un perfume , y nunca se nos ocurre escuchar y comprender a los trayectos, a los perfumes. Se nos olvida de que la vida también es lo que nos sucede mientras deseamos , la carretera .
La llegada, la felicidad que aparece cuando cumplimos el deseo, el desvanecimiento de él ,surgen nuevos., nuevos lugares , y los recuerdos de los lugares dejados.
Emprendemos el regreso, a través del mismo trayecto, pero por el otro lado , por el lado del recuerdo, de lo ya acabado, el de la nostalgia, y es ahí donde nos damos cuenta de lo desperdiciado, al mirar al otro lado, el de los que desean destinos y que lo demuestran en sus rostros idos ,idos de la carretera, idos de lo inmediato y que van ansiosos de llegar y dejar al camino, al perfume olvidado.
El tema es alguna región, porque es un lugar bello o porque es una percepción que queda por la sobredimensión que dejan los recuerdos buenos, esos de un primer viaje, y que se gatillan por un lugar o una persona ,y el de imponer ante el paraje insolentemente como un todo, el olor de esa persona , la vista de un lugar, las miradas y nuestra ausencia, la que se trama por romper.
El color de la noche de nuestro lugar, justo antes de la partida, es particularmente agradable, cordial , y será tal vez por el hecho de que nuestras mentes ya han partido y nuestro lugar parece extraño y distante , añorado aunque sea en un grado muy infimo; en ese instante no estamos ni en nuestro lugar ni en el destino, sólo soñamos en el porvenir.
Luego el esperado día de madrugada, el frescor de la mañana ignorado por nuestras ansias, el deseo de partir.
Viajar, el trayecto comienza, esa carretera que roda y roda y no se acaba nunca por el deseo de llegar,y después nos damos cuenta de su importancia, la de ese mismo trayecto, el que paradójicamente en un futuro es el puente a nuestros recuerdos y en el presente la imaginación , como lo es un perfume , y nunca se nos ocurre escuchar y comprender a los trayectos, a los perfumes. Se nos olvida de que la vida también es lo que nos sucede mientras deseamos , la carretera .
La llegada, la felicidad que aparece cuando cumplimos el deseo, el desvanecimiento de él ,surgen nuevos., nuevos lugares , y los recuerdos de los lugares dejados.
Emprendemos el regreso, a través del mismo trayecto, pero por el otro lado , por el lado del recuerdo, de lo ya acabado, el de la nostalgia, y es ahí donde nos damos cuenta de lo desperdiciado, al mirar al otro lado, el de los que desean destinos y que lo demuestran en sus rostros idos ,idos de la carretera, idos de lo inmediato y que van ansiosos de llegar y dejar al camino, al perfume olvidado.
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